No somos tan distintos

Igualdad, dignidad, libertad, justicia… y pan. Tal y como muchos entendemos la primavera árabe, estos son los elementos definitorios de la misma. Estas proclamas, lanzadas en las diferentes movilizaciones en Túnez, Egipto, Siria y en el resto de países por jóvenes y no tan jóvenes, no son muy distintas de las que escuchamos en nuestros propios países hoy en día.

MarketingRevolutionPero en este análisis falta un elemento central de la primavera árabe que se ha convertido en el autentico “nudo gordiano” de este espontaneo movimiento de masas: la religión.

La pregunta básica que debemos plantearnos es cuál es el papel de la religión en todo este proceso. En primer lugar, hay que entender que, a pesar de la multiplicidad de credos, iglesias y sectas de Oriente Próximo, la religión musulmana es la mayoritaria. Las demás se verán afectadas colateralmente de acuerdo al lugar que esta ocupe y la preeminencia que se le otorgue.

Vamos a enfrentarnos de una manera correcta a este asunto, metodológicamente hablando, y voy a tratar de evitar valoraciones a priori en este campo tan farragoso que es el lenguaje. Me voy a permitir enumerar tres posturas sobre este asunto aplicables a la zona de Oriente Próximo  y, para evitar que el lector pueda acusarme de ser parcial de partida, las denominaré 1, 2 y 3.

La postura nº 1 es aquella que preconiza una separación neta entre “Iglesia y Estado”, entendiendo el concepto “Iglesia” en su acepción amplia y no restringida únicamente a la católica. Algunos países europeos lograron perfeccionar este modelo y sus sociedades son netamente civiles ocupando las posturas de las diferentes “iglesias” con respecto a los asuntos públicos un lugar moralmente importante pero legislativamente residual en lo que concierne a la política y la legislación. No hay ejemplos claros de este modelo en el mundo árabe en la actualidad (aunque si intelectuales y legisladores que lo defienden) y en Europa surgen constantemente conflictos que cuestionan este modelo.

La postura nº 2 es aquella que defiende una sociedad civil, con libertades públicas aseguradas en torno al concepto de ciudadanía, pero en la que textos sagrados  (especialmente la sharia, cuerpo de derecho islámico) juegan un papel principal como factor de orientación e inspiración constitucional, legal e incluso judicial. Asegura el respeto de las otras religiones monoteísta y es una especie de compromiso “hibrido” entre tradición y modernidad que unos países árabes han logrado poner en marcha permitiendo la convivencia de una sociedad civil y secular junto a una gran masa de adeptos religiosos cuyo objetivo es conducir su vida de acuerdo a los preceptos del Corán.

La postura nº 3 lleva los preceptos de la religión musulmana contenidos en su corpus jurídico-moral a la categoría de “orientación única” de la sociedad árabe y la sharia, o cuerpo de derecho islámico, es formalmente instituida como ley. La enumeración de las libertades públicas queda supeditada a la concordancia con esta sharia que se erige como norma suprema de la que emanarán, en todo caso, todas las demás. La sociedad preconizada no es ya civil sino islámica.

Como en todo ejercicio académico de compartimentación, en este caso no hay modelos o ejemplos perfectos y las categorías se entrecruzan constantemente, influyéndose y “contaminándose” constantemente pero, a grandes rasgos, estas son las situaciones y posturas a las que nos enfrentamos actualmente.

xxx_cracyLa revolución democrática árabe, que hemos denominado “primavera árabe”, es uno de esos procesos políticos que conducen las sociedades en algunos momentos de la historia. No es la primera ni será la última revolución y si algo hemos aprendido de la historia de las mismas es que distan mucho de ser procesos lineales, perfectos o incluso, exitosos.

El proceso está dando los primeros pasos en su propia evolución. Para unos será la dirección acertada y para otros todo lo contrario. Algunos consideran que se está traicionando la revolución (cuantas veces habremos escuchado esta manida frase a lo largo de la historia) y otros que el proceso está en marcha y tan solo es necesario reconducirlo.

El mundo árabe se sumió, con el descredito de Nasser y el panarabismo tras la derrota contra Israel, en una nebulosa política de la que emergió el islamismo político como alternativa. Tal evolución se vio truncada con la permanencia en el poder de dictaduras (o dicta blandas, para algunos) que no permitieron su “ciclo vital” (nacimiento, crecimiento, reproducción, madurez  y muerte) así que lo que tenemos hoy en día es, simple y llanamente, la llegada de ese “ciclo político vital” por el que han pasado tantos y tantos movimientos. Los islamistas llevan muchos años preparándose para esta oportunidad pero ¿es esto lo que ansían las sociedades árabes? ¿Es la primavera árabe un movimiento de inspiración religiosa?

Mi respuesta es NO. La primavera árabe, como bien se colige de las palabras y eslóganes coreados en las manifestaciones de Egipto, Túnez, Siria y otros, es un movimiento democrático y civil, entendiendo este como un movimiento de ciudadanos y no de religiones. Ahora bien, las sociedades que lo alumbran son neta y profundamente religiosas por lo que la pregunta no debe ser ¿es la primavera árabe un movimiento religioso? sino ¿cómo es posible adaptar las demandas democráticas del movimiento a sociedades profundamente religiosas? Este es a mi modo de entender el gran desafío.

Las dos  grandes fuerzas sociales del mundo árabe en estos momentos son el islamismo político (con una variedad y falta de cohesión interna que debe ser objeto de otro artículo o, incluso, de una tesis) y los movimientos seculares (minoritarios pero protagonistas gracias a las recientes revoluciones). Las alternativas están claras: lucha o coexistencia, enfrentamiento o pacto.

Permitiéndome algo tan castizo como un cambio de tercio, me gustaría traer al debaten el caso de la guerra civil española que llevó el enfrentamiento entre sus dos “mitades” al extremo y se desangró durante 3 largos años en una guerra civil. Gracias al Pacto de 1978, nuestra Constitución logró encontrar el punto de equilibrio sobre el que asentar una sociedad prospera y en paz y convertirse en el ejemplo de que la negociación y el pacto son las mejores “armas” de las que pueden dotarse las sociedades modernas a la hora de conducir sus diferencias internas.

protester_timeEspaña debe acompañar a las sociedades árabes en su desarrollo y procurarse unos vecinos mediterráneos en paz y prosperidad pues nada es más “productivo y competitivo” que eso y para ello podemos ofrecer nuestra colaboración pero también podemos aprender mucho de la otra orilla y de su primavera. Es necesario evitar los errores del pasado para construir sociedades que se miren de frente y sepan aceptarse la una a la otra desde el respeto y a través del entendimiento, lo que requiere considerar al “otro” como a nosotros mismos. El momento histórico es propicio pues Europa es consciente de sus errores pasados y así lo reconoce y el mundo árabe puede despertar a una nueva era en la que los individuos sean, por fin, ciudadanos libres. Cada uno deberá hallar su propio modelo teniendo en cuenta sus características propias y el entorno regional y mundial en el que se halla pero estoy seguro de algo que me permite ser optimista, en el fondo, no somos tan distintos.

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