¿Quién es el Faraón hereje?

En su obra Akhenaton, Naguib Mahfuz se pregunta a través de las palabras del joven príncipe lo siguiente: ¿Por qué la gente inteligente cree tan firmemente en el mal? Y su maestro Ay, quien a la sazón se convertiría en su suegro, le responde “Creemos en la realidad”.

La dinastía XVIII a la que pertenecían Akhenaton, su padre Amenhotep III y el famoso Tutankhamon se enmarca en el período conocido como el Imperio Nuevo, esplendoroso en lo político y en lo económico, en lo artístico y en lo histórico. Egipto, hoy, también asiste al nacimiento de algo nuevo, no un Imperio ni tampoco un califato sino pura y simplemente una nueva República.

La emergencia de una nueva casta dirigente, los Hermanos musulmanes, no es extraña como tampoco lo es el miedo que genera en buena parte de la sociedad egipcia su posible hegemonía del poder. En todo proceso de cambio se generan sinergias y se producen barreras, los avances y los retrocesos van siempre de la mano. La cuestión está en dilucidar si, a pesar de ese vaivén y ese ir atrás y adelante, al final el resultado es algo nuevo, distinto y sobre todo, mejor.

El Mariscal Tantawi, hoy ya ex ministro de Defensa y EX en mayúsculas, ha sido apartado del poder en uno de esos golpes palaciegos tan habituales en la larga tradición política egipcia. Un efímero Faraón que se quiso concebir y no supo darse a luz. Akhenaton fue un iluminado que quiso conducir a su pueblo hacia la veneración del Dios único y acabo siendo su único adorador pero el Mariscal guarda poca o ninguna relación con él sino es su final poco digno.

Mohamed Morsi, sin embargo, ha llegado al poder con ese aura de apocado, de segundón, de falto de coraje y valor. Exactamente, tal y como Mahfuz describe a su pequeño y deforme Faraón. Akhenaton, a pesar de ser considerado un afeminado y un cobarde tuvo la osadía de enfrentarse a la más poderosa casta sacerdotal de Egipto, el ejército. Perdón, los sacerdotes de Amón. Y logró arrebatarles todas sus tierras, posesiones y templos que repartió entre sus súbditos necesitados.

Morsi ha cometido una osadía similar, ha puesto a la cúpula del ejército de rodillas y le ha arrebatado su tesoro más preciado: el poder. Todo con una maestría que puede atribuirse a una paciente espera de más de 90 años (los que lleva la Hermandad aguardando su momento). El golpe palaciego se ha consumado con la ayuda de otros militares, de una nueva casta de sacerdotes y Egipto ha caído en manos de una nueva dinastía, la que llama a adorar a un solo y verdadero Dios.

No hay que olvidar las palabras premonitorias del joven príncipe cuando hablaba con su maestro. ¿Por qué la gente inteligente cree tan firmemente en el mal? Pues porque creen en un sistema, en unas ideas y en una revelación que para ellos constituye toda su realidad. Ese es el germen de la tiranía, el que guarda la religión en el fondo de sí misma cuando se traviste con paños de política.

El tiempo nos acabará dando todas las respuestas, trataremos de ser como la historia que escucha a todo el que habla sin inclinarse ante nadie para luego entregar la verdad a los que observan. No corresponde a Occidente decidir que es mejor y que es apropiado para los egipcios, tan solo se puede “acompañar” ese proceso sin interferir. Los egipcios están maduros, siempre lo han estado, para decidir su futuro. La sociedad está muy dividida y eso no es necesariamente malo pues permite la alternancia si se respetan ciertas reglas del juego. Y ahí está la clave del futuro, en las reglas del juego pues la democracia no es más que un tablero de ajedrez en el que todos hemos convenido que tendrá 64 casillas y la mitad serán negras y la otra mitad serán blancas. No vale iniciar la partida y cambiar las casillas, aunque Dios lo quiera. Egipto tiene que definir ese tablero y la constitución que nacerá en unos meses será la clave para mucho tiempo y para muchos países. Cuando Egipto estornuda, el mundo árabe se resfría. Pues eso es lo que el mundo se juega en los próximos meses.

Y por cierto, El Faraón hereje fue destronado por esa casta sacerdotal a la que tanto había maltratado y el General Horemheb, supuesto fiel consejero y amigo de infancia, acabaría fundando una nueva dinastía, la XIX, cuya primera tarea fue borrar de toda piedra, papiro y pintura el nombre de Morsi, el Faraón Hereje. Perdón, Akhenaton.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s