El Califato, Inshallah!

“Si no obedezco a Dios y no cumplo mis promesas, no tendréis que obedecerme”.

Con estas palabras, Mohamed Morsi el candidato de los Hermanos musulmanes y vencedor de las primeras elecciones presidenciales libres y transparentes de la historia de Egipto, cerraba su discurso como Presidente in pectore. Se trata de unas palabras que todo musulmán con un cierto conocimiento de su historia sabe atribuir.

Abu Bakr as-Siddik fue el sucesor de Mahoma y Primer Califa “ortodoxo” o el primero de los “bien guiados”, como se le conoce en los países árabes. Su reinado se extendió por espacio de 2 años, entre el 632 y 634 (calendario gregoriano). Mahoma, durante su enfermedad lo designó para que dirigiese la oración y esto fue interpretado como su deseo de que Abu Bakr le sucediese a su muerte. Tuvo que hacer frente a revueltas tribales que rechazaban el nuevo credo y el Zakat (impuesto), le arrebató Irak al Imperio Sasánida y ordeno la compilación del primer Corán, que hasta entonces se recitaba de memoria.

Mohamed Morsi no ha elegido la cita al azar, desde luego, pero ese “Califato” del que se viene hablando desde hace tiempo debe ser matizado y puesto en su contexto apropiado.

No se trata del primer dirigente islamista que hace esta referencia pero tal acepción hace referencia, en mi opinion, a un concepto cultural más que político. El Califato es, en su origen, una entidad política y religiosa pero poco a poco va perdiendo su significado político en favor de los sultanatos hasta que el Califa queda reducido a una mera entidad o guía de carácter espiritual. Esta última acepción es de la que hay que retener para entender el concepto que manejan los islamistas moderados actualmente: una identidad cultural común que une a un conjunto de países árabes (y no árabes) y que sirve de base a la construcción de una identidad, es decir, los cimientos de una entidad de colaboración y cooperación. La experiencia de la Unión Europea es, a pesar de las dificultades por las que atraviesa, un ejemplo a seguir y los países árabes lo tienen muy presente, admiran el modelo y tratan de adaptarlo a lo que ellos asumen como rasgos propios.

El proyecto político de los islamistas tiene unas raíces comunes con los movimientos de liberación nacional aunque su desarrollo es posterior y tiene su origen en el fracaso del experimento panarabe socialista personalizado en la figura de Gamal Abdel Nasser. La búsqueda de una identidad alternativa contrapuesta a la imposición política y cultural colonial halla una inspiración en el concepto de Califato original, pero en pleno siglo XXI su significado es y debería ser, bien distinto. No creo que el islamismo politico sea la solución a los problemas de los países árabes pero tampoco podemos demonizar a una opción política siempre que esta discurra por los cauces del respeto a las reglas del juego.

Mohamed Morsi no es la mejor opción pero es la que han elegido los egipcios en las urnas y además no podemos olvidar que el reinado del Primer Califa tan solo se prolongo por espacio de 2 años. Todo gobierno democrático debe ser efímero y los Hermanos Musulmanes han de entenderlo. Así que mientras el principio democrático de la alternancia y las elecciones libres y periódicas siga estando vigente y haya una apuesta por el desarrollo y la reconciliación con respeto de la pluralidad política, a los demás no nos queda otra opción que trabajar con este Presidente y con los que vengan después, sean islamistas, socialistas, liberales o conservadores.

 


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